27/1/09

Estrellita fue la primera gata que entró en nuestra casa, y ya se sabe que el primer amor nunca se olvida... pero no fue nuestro primer animal. Cuatro meses antes (llevábamos casados tan solo 2 meses) decidimos adoptar un perro. Bueno, una perra, esa fue mi condición.

Accedí a que mi marido eligiera el perro si yo era la que elegía el sexo... y pensando que el día de mañana alguna descendencia habrá que tener, me pareció que una hembra tendría el instinto maternal y no le daría por atacar a la criatura. Eso demuestra mi ignorancia en el mundo animal. Hay que pensar que esa fue la época donde se dieron casos de canes que atacaron a niños (incluido al de la Ana Obregón, que yo creo que fue por los rizos que tenía, que eran mayores que los de Bisbal pero en un niño de 8 años...)

Decidimos empezar por una cachorra, pues aunque en el albergue de animales había perras adultas muy cariñosas, en realidad siempre habíamos temido a los perros, y después de analizarnos descubrimos que lo que realmente nos daba miedo no era el perro en sí, sino su comportamiento, el no saber identificar su reacción o su ladrido (éramos de los que veían un chihuahua y cambiábamos de acera por miedo a que nos mordiera... y no exagero).

Así que allá nos fuimos, a la protectora, contenticos, y pedimos ver a los cachorros que fueran hembras. Y hembras, pues sólo había dos. Inmediatamente me fijé en una perrita preciosa, blanca, juguetona, que corría por toda la jaula persiguiendo juguetillos y pelotas. Al lado estaba la otra perra: marrón, vulgar, corriente, que ni siquiera se movía. No me fijé en ella, porque estaba clara la elección, o al menos eso pensaba yo, así que mirando a aquella cosita blanquita peluda cómo jugaba le pregunté a mi marido: - ¡qué, cuál te gusta!- a todo esto sin dejar de mirar fijamente a la blanquita para ver si así influenciaba algo la decisión.

Pero mi marido estaba agachado, mirando a aquella cosita marrón y fea que no se movía, y se le ablandó el corazón... y la señaló a ella.
AGHHHH!!!! Yo era la que había puesto las condiciones. Yo elegía el sexo, él al cachorro. ¿qué he hecho?
Ya no hay remedio.
Así que nos la llevamos, y se la fuimos a enseñar a mis padres (sí, los que se quedaron a Frijolito unos meses más tarde), los cuales miraban condescendientes a aquel chucho de 2 kilos que no tenía raza ni pedigrí ni nada de nada. Para colmo, nada máas llegar, echó la primera papilla, así que la primera impresión no fue, lo que digamos, de cuento de hadas.
- ¡Manos a la obra!, ¡ésta perrita necesita un buen baño!- dijo mi madre, demostrando que las madres son predecibles. Y después de un baño insecticida que mató a las pulguillas y dejó el agua de la bañera color chocolate, descubrimos que la perra... ¡era de color canela!. Bueno, pues la cosa mejoraba.
Nos fuimos a casa y al día siguiente yo no trabajaba. La perrita me miraba, pero no entendía. Yo no sabía que hacer. Le compramos su camita, su juguete (que le daba miedo) pero ella me miraba, levantaba el morrito, y comenzaba a aullar de pena. En ese momento la cogí en brazos... y me conquistó el corazón...
Días más tarde le pregunté a Dani por qué la había escogido, y su respuesta fue que la había elegido porque era la que menos posibilidades tendría de salir jamás de allí, ya que nadie se fijaría en ella... y tenía razón. ¿pero cómo tengo tanta suerte de tenerlo a mi lado?
Yo misma ni me fijé, y se puede decir que la salvó la vida, ya que estuvo resfriada los 6 meses siguientes, tuvo hongos en varias partes del cuerpo, pensaron que pasó el moquillo, creció más de atrás que de delante, le creció el corazón pero no la caja torácica y nos dijeron que se podría morir... hasta que creció y engordó un poco, y por fín pudimos ver qué tamaño iba a tener y cómo iba a ser. En fin, que pensábamos que iba a ser medianita y ahora pesa 25 kilos...
Y, bueno, esa es la historia de Luna, nuestra perra, a la que le pasaron muchas anécdotas hasta que decidimos darle un amiguito... un gatito, pero esa es otra historia. Os dejo unas fotillos para que podais ver cómo ha cambiado con el paso del tiempo... y lo guapa que se ha puesto.
Luna con su papá, dos días después de traerla a casa
3 meses y doce kilos después
Al poco de llegar Estrellita a casa
(mirar la cara de resignación que tiene)

1 comentario:

Wolflars dijo...

Felicidades, por fin comenzaste tu blog. La verdad es que Estrellita esta muy mona y Luna jejeje es Luna. Se la ve resignada. ;)